lunes, 11 de octubre de 2010

Un buen día.


Mi vida.

-Carol, carol.... ¡Despierta que es la hora!
-¿Q-qué? ¡Ah! Venga venga, me pongo el bañador y cojo la tabla, no tardo 
nada.
 
Joder, que buen día hace, me ha despertado con la voz llena de emoción de Abi, estaba al lado mio impaciente con la tabla de surf en la mano...
Pegué un salto de la cama abajo y miré por la ventana. Perfecto, un día de lluvia y viento...
Llegaba el invierno y los días de olas más grandes del año.
Impaciente me fui corriendo al patio de atrás, cogí el chaquet la tabla y salí de mi casa echando humo.
Debajo de mi casa me esperaba Abi con el coche, Abi era... Un colega especial, fue el que me metió el gusanillo que se comió mi vida por completo como si de una manzana se tratase, pero para bien. Ese gusanillo al que me gusta llamar... 
Surf.
De camino a la playa íbamos cantando exitados música que nos motivaba completamente y de vez en cuando decíamos lo que nos encantaba tener ese sentimiento que nos llena el alma mientras surfeamos...
Llegamos y no tardamos 1 minuto en entrar al agua casi matándonos mientras corríamos apresurados por las rocas e impresionados por lo que nuestros ojos veían. 6 Metros (normales) de olas aparecían y desaparecían a una velocidad y con una fuerza, que no cabe en el poder de nuestra imaginación.
Nada más tocar el agua y sentir que la tabla era una conmigo, olvidé el mundo, c
ada segundo de desequilibrio en mi vida, cada pérdida, cada mal momento o simplemente cada pensamiento ahogador... Ahora todo, TODO permanecía en completa armonía con mi cuerpo, mi mente y mi tabla.
Entonces, después de remar un buen rato, llegué al pico de donde salían las enormes olas que daba la sensación que me iban a comer.
Llegó la primera serie de olas y miré hacia un lado. Vi una gigantesca ola que pensé era un tsunami. 
Sinceramente, me cagué y no la cojí, acto seguido me di cuenta que no se puede traspasar una ola de 4 metros y medio o 5 así tan facilmente, que era preferible cogerla o matarte en el intento. 
Me sumergí en esa ola como pude, y la fuerza del mar me arrebató la tabla y me ahogó 10 eternos segundos, intenté guardar toda la tranquilidad que pude aguantando la respiración, hasta que logré salir a flote a tiempo para recuperar mi tabla y prepararme a coger la siguiente ola que viniese dispuesta a hacerme lo que la anterior.
Decidí no mirar atrás y remar con todas mis ganas, puse todo el empeño que pude, esta era mia. 

Fue entonces que sentí el impulso de la ola. Salté sobre mi tabla y conseguí estabilizarme rápidamente, casi por inercia, la estaba surfeando... Podía sentir la potencia de la ola unirse conmigo en una sensación de libertad, de una especie de danza entre la agradable y feroz pared de la ola y la cresta... sentía todo el agua derrumbándose tras mi paso mientras yo jugaba con ella a mi antojo.
Lvelocidad, la intensidad, la indescriptible sensación que te produce estar en la cresta de una ola dejándote llevar y controlarla a la vez, el llegar a creer que el tiempo se para y que solo existes tú y la ola en un movimiento armónico. Es algo sobrenatural es... Increíble.
Tras horas cogiendo miles de olas como la primera, pasó el tiempo y se hacía tarde, el mar bajaba y las olas también.
Abi había salido hacía ya un rato y me llamaba desde fuera, entonces me despedí del mar hasta lo más pronto que pudiese. 
Una parte de mi se quedába allí, esperando con ansia mi regreso, dejaba en el mar a mi espera esa sensación que no logro comprender ni tener en otro momento de mi vida, excepto cuando entro en contacto con el agua y mi tabla y yo nos fundimos en una... Ese momento indescriptible en el que he fundado prácticamente toda mi vida.


Y esque el Surf, es más que un hobby para mi, ya es parte de mi vida.